La noche del 17 de febrero dormimos en Santiago. Después de cuatro días de estar en el medio de la nada, que de nada nada tiene, sino que es un tanto tan indescriptible, tan amable y tan amenazante, poderoso y tan soberbio, salvaje; esta noche la cómoda habitación del hotel Neruda Express me abrazo con su confort. (Pobre Neruda)
De vuelta en Santiago después de tantos años, en un barrio que no conocía, un barrio cuico, donde despedimos la noche con un riquísimo pisco sour.
Al día siguiente volvimos a Mendoza, cruzamos nuevamente la Cordillera de los Andes, pero esta vez, en un esponjoso asiento.

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