Chaku
En Catamarca se lleva a cabo todos los años el ritual del Chaku que consiste en la obtención legal de fibra de vicuña. Además de salvarla de la posible extinción, esta costumbre es un ejemplo de desarrollo sustentable e integración del hombre con su entorno silvestre. Toda la emoción de una tradición que nació hace más de 500 años.
Una práctica ancestral. Un equilibrio entre el ser humano y la naturaleza.
Previo a explicar en qué consiste el “Chaku Incaico” es necesario tener en cuenta el ámbito natural y socio-cultural en donde se desarrolla esta actividad propia del folklore catamarqueño.
Ubicación y características geográficas
Como una gran altiplanicie neo-tropical, la Puna se emplaza entre los 3000 y los 5000 m.s.n.m. en la Cordillera de los Andes abarcando territorio de Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Es uno de los territorios más desolados del planeta; tratándose de una región de baja presión atmosférica, baja difusión de oxígeno en el aire y climas extremos. Todos estos factores geográficos aunados al relieve le han dado varios endemismos de similares características al Tíbet y al Desierto de Atacama pero con cualidades que la hacen única.
De esta porción, aproximadamente 35000 kilómetros cuadrados le corresponden a la provincia de Catamarca, abarcando los Departamentos de Tinogasta, Belén y Antofagasta de la Sierra (Todos estos departamentos ubicados en el extremo noroeste de la provincia).
Son muy pocos los puntos de esta región que se encuentran por debajo de los 3.000 metros sobre el nivel del mar. A pesar de tratarse de una meseta, en la Puna catamarqueña se encuentran los volcanes más altos del mundo. La geografía de la Puna es casi sobrenatural, el vulcanismo cubrió gran parte de la morfología preexistente. Distinguiéndose a simple vista volcanes jóvenes que cubrieron extensas áreas con sus coladas de lava, que siguieron la pendiente general sur, obstaculizando los cursos de los débiles ríos puneños, originando un centenar de lagunas policromáticas, extensos salares y vegas (prados húmedos) en donde se concentra la mayor diversidad de flora y fauna de la altiplanicie y también se asientan minúsculos y dispersos asentamientos humanos.
Pasado indígena
La Puna catamarqueña es el único sitio con arte rupestre del país en el que aparecen grabados en el suelo: el Campo de las Tobas: Se trata de una zona de 3.700 m2 con rocas blandas que se prestan para la incisión, en las que pueden observarse cerca de 250 motivos, dichas representaciones antropomorfas se mezclan con otras geométricas y con muchas de pisadas, lo que indicaría que era un lugar de tránsito y esto era usado como un sistema de señalización. En el Museo del Hombre en la Ruta Provincial 43, se exhiben las piezas recolectadas en los yacimientos agropastoriles, como cerámicos, instrumentos de la vida cotidiana de piedra, hueso y madera. En forma didáctica, se presentan las distintas culturas, sus períodos y características. Esta zona posee importantes yacimientos arqueológicos que datan de miles de años de antigüedad y otros de culturas incaicas y preincaicas (La Alumbrera, El Coypar, El Coyparcito).
En sus alrededores se asentaron las primeras aldeas a partir del 500-600 AC. y desde ese momento grupos de pastores y agricultores desarrollaron un interesante y rico proceso cultural, sin solución de continuidad, hasta la llegada del conquistador español.
Los alrededores de la villa encierran lugares de extraordinaria belleza en los que la naturaleza aporta el mejor escenario para observar los restos de antiguas culturas en las cuáles los camélidos tuvieron una significativa participación.
Petroglifos en Peñas Coloradas, Antofagasta de la Sierra. (Camélidos en manada)
La vida en la puna
A pesar de reunir un gran número de circunstancias por las que la vida se torna difícil, la Puna cuenta con pequeños poblados, la mayoría descendientes de Atacameños o “Linkan Antay” asentados en cercanías de vertientes de agua llamadas vegas. Las vegas son escasas y están compuestas por pasto ralo en superficies muy acotadas de no más de 2 hectáreas. En toda la puna catamarqueña no hay más de 100 vegas y son 6 ó 7 las que aún continúan habitadas.
Antofagasta de la Sierra, Antofalla y Laguna Blanca son los únicos poblados que han ido aumentando su demografía año a año, mientras que la mayoría de las vegas habitadas han ido perdiendo sus pobladores paulatinamente. En algunos pueblos los habitantes practican la agricultura y la ganadería de subsistencia, se dedican al direccionado y re-direccionado permanente del agua que les brinda las vertientes, por una extensa red de pequeños canales de cuidada pendiente que hay que mantener limpios en todo momento, para poder regar los cultivos. Las localidades más grandes como Antofagasta de la Sierra, cabecera del departamento homónimo, cuentan con mayores servicios, escuelas e incluso hosterías que han ido evolucionando por la llegada de turistas alocéntricos, esto ha permitido que los pobladores no necesiten trasladarse a los centros urbanos, encontrando en el turismo una alternativa para permanecer en su tierra evitando que sus idiosincrasias desaparezcan.
El Chaku es una práctica ancestral que consiste en el encierro y captura, esquila y posterior liberación de vicuñas silvestres, utilizando las técnicas de los pueblos precolombinos y respetando el ecosistema. En tiempos pasados, la vicuña, animal silvestre, fue fundamental para que los pueblos indígenas pudiesen sobrevivir en la Puna. Su carne era utilizada para el consumo y la fibra para la confección de tejidos e hilados que luego serían sus prendas de vestir.
Cada tres años, los incas organizaban un Chaku: un grupo de personas rodeaba amplias zonas, formando lo que podría ser un “cordón humano”, para arrear a las vicuñas hacia corrales de piedra. Allí se realizaba el conteo de los animales y se seleccionaban los que serían utilizados para consumo o esquilado. Con la colonización, las poblaciones de vicuña fueron cazadas indiscriminadamente. Si bien en 1825 Simón Bolívar dictó la primera ley de conservación de la vicuña, recién en 1969 se firmó el convenio para la protección y conservación de la vicuña entre Perú, Bolivia, Chile y la Argentina, texto fundamental para evitar su extinción. Según la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre (CITES), desde 2002 las vicuñas catamarqueñas están catalogadas en el Apéndice II, lo cual significa que la comercialización de su fibra es legal a partir del uso sostenible y controlado del recurso. Y como forma de dar a conocer a las nuevas generaciones esta forma de vida que practica el uso sostenible y controlado del recurso, Catamarca recuperó el Chaku.
Así, cada año se realiza una presentación en Laguna Blanca, Belén, donde los turistas pueden participar de todo el proceso del Chaku, desde el encierro de vicuñas, las técnicas ancestrales que se utilizan para obtener lana de vicuña sin afectar la especie, etc. A todo esto como cierre de esta gran experiencia, se incluye un festival popular y feria artesanal para tomar contacto con la gastronomía, la producción artesanal y el folclore, valiosas expresiones de la cultura catamarqueña.
Así se realiza El Chaku
El silencio puneño se come la señal de los teléfonos y la altura se traga los signos de urbanidad: la electricidad, el asfalto, los autos, los ruidos. Las montañas cambian de color con cada golpe de vista y el cielo tiene miles de azules en Catamarca. Estamos en la tierra de la vicuña en donde el oxígeno de los 3380 metros sobre el nivel del mar se busca con afán, aprieta el pecho, la tierra vuela y abruma el silencio. En el alto catamarqueño, Laguna Blanca se encuentra a 400 km. de la capital provincial y es la antesala de los 253 volcanes inactivos que tiene esa zona desértica de Catamarca y es el escenario donde sus habitantes realizan la captura comunitaria de la Vicuña.
Es único en el mundo con el sistema de corral fijo. Se trata de un módulo de 40 hectáreas donde conviven más de 200 vicuñas que van al ojito de agua contiguo a la laguna, un espejo con flamencos de color rosa. En otros lugares, Bolivia, Perú, Chile y Ecuador se hace la captura pero van ellos hacia la vicuña. En Laguna Blanca, la vicuña vive el año entero en el mismo lugar en que a principios de noviembre se la esquila. Es un módulo fijo al que acuden porque tienen agua el año entero y lo que se hace es cerrar la tranquera.
En la provincia hay 45.000 vicuñas salvajes, aunque el número varía si se calcula a las zonas no censadas. En ese caso, llegaría a unas 70.000 cabezas, según los datos del Censo Nacional de Camélidos Silvestres, Catamarca tiene la mayor población de vicuñas del planeta.
Aquí las vicuñas tienen su fibra más clara; más cerca de la Cordillera de los Andes presentan una tonalidad más oscura. Los catamarqueños buscan animales con fibra fina, para facilitar el buen tejer, Laguna Blanca dejó de ser un pueblo de cazadores para transformarse en artesano desde 2000, cuando el Chaku volvió a practicarse tras 25 años.
La significación
Mauricio Pagani visitó una semana por mes durante los últimos tres años esta localidad de la Puna y es un profundo conocedor de su gente, de sus silencios y de sus miedos.
De sus sentimientos: “La significación principal del Chaku es la preservación de la especie. Hace 25 años quedaban 4000 vicuñas en Catamarca y ahora ese número creció muchísimo porque se la preserva cuidándola de la caza. Para los habitantes de este lugar significó dejar de ser cazadores para convertirse en esquiladores. Significó preservar la especie con la que conviven. Además de esquilar y trabajar con su fibra, protegen al animal”.
Para Nicandro Suarez, director de Turismo de Belén, el departamento al que pertenece Laguna Blanca, la importancia es suprema, para los habitantes y para el turismo. La esquila es parte de la historia cultural de la provincia.
Laguna Blanca es el pueblo con más progreso en la Puna, es la antítesis de lo que ocurre en otros poblados del país en donde su gente se va. Y el tema del trabajo artesanal derivado de la vicuña es una de las razones. En Laguna Blanca hay artesanas jóvenes que tienen alta calidad en sus productos. Reciben el legado de sus padres.
El encierro
La práctica del Chaku se realiza un fin de semana de noviembre, el sábado las encierran en el módulo mientras las vicuñas se alimentan. Y un día después, para evitarles el estrés, las esquilan y de inmediato las largan. El sol sobra a cualquier hora, pero a las 8 aprieta como si fuesen las 12. Se celebran sus rayos verticales que han surcado la piel de los laguneros hasta dejarla tensa y brillante. En invierno, la nieve precipita la temperatura a los 20 grados bajo cero y les cae en el lomo a las vicuñas, que soportan gracias a su extraordinaria fibra, con el mismo temple que el agua, escasa, que recibe esta tierra cuando el cielo deja de ser azul.
“Vayan preparándose ustedes. Ya”, ordena Raúl, enérgico pero tranquilo, a sus compañeros de la Cooperativa Mesa Local de Laguna Blanca, organizadora del sistema de captura. Raúl es el presidente de la entidad con 36 socios. Es un profeta en esta tierra, un promotor del hacer con mano propia. “Hemos vendido prendas certificadas y queremos ser nosotros quienes vendamos fibra de vicuña a Italia, Japón y Holanda. Ellos la compran en bruto” dice Raúl.
Nadie de afuera viene a decirles como hacerlo, son ellos quienes se ponen al frente y se convierten en obreros vicuñeros puestos a arrear. Tomados por sogas, empiezan a desplazarse dentro del módulo hacia el corral donde la encierran para la posterior esquila.
La gente se aproxima con paso lento a las vicuñas. Alguna, intrépida, quiere pasar la barrera humana. Ungida de suerte, lo logra.
Raúl pide asistencia al valiente que, en el aire, intento frenarla sin fortuna. “Ahí, ahí” grita. El grupo se cierra en torno del corral y agudiza su atención. Ellas están díscolas, se arremolinan, levantan tierra y percuten con las patas contra el piso. Tienen miedo. “Larguemos esa soga” vocifera el delegado comunal, en el medio, entre la gente y las vicuñas. La barrera humana es más gruesa cuando entra a la manga. Raúl, al frente del grupo, ordena. “Agárrense de las manos”. Se agarran y las vicuñas entran al corral verde. La gente aplaude. El encierro es bueno y sabrán luego que la esquila también. Además cada año la cosecha trae vellones de mejor calidad.
La Esquila
El cielo no es celeste, es un techo azul furioso que desmiente la hora real; a las nueve el sol pica y cuando se deja arrastrar por el viento es una especie de soplete que obliga al uso de gorra y lentes oscuros. La esquila se hace frente al nevado de Laguna, un gigante de 5.000 metros de altura con picos blancos. “A ver los esquiladores”, convoca Raúl. Espera los segundos que un lugareño demora en traerla desde el corral y alguien grita el número de la vicuña, le ponen una caravana en la oreja y al fin de la esquila la liberan a campo abierto. Si ya la esquilaron el año pasado, simplemente la revisan y la sueltan. Durante la esquila le vendan los ojos para evitar una mayor presión de la gente que la rodea y la toman entre tres, mientras la esquiladora, generalmente mujer, usualmente sabia, tusa con ritmo sobre la fibra. Le duelen las manos después de 15 minutos de esquila. La vicuña lanza un quejido como el de los delfines, agudo y sonoro. Descartan la chilla, el pelo que no sirve, y se admiran ante la imponencia de la fibra, a la que ponen en bolsas con el número de la caravana de cada vicuña esquilada. “Para hilar se necesita fibra larga y entera, no cortada”, dicen las tejedoras con mayor experiencia.
La máxima de la esquila es no avanzar menos de tres centímetros y más de ocho. Es que cada cuatro años le crece cinco centímetros. Por eso la fibra se cotiza, por kilo, a 1200 pesos. Hace poco apareció una empresa del Sur que la pagó 1800 pesos. El promedio es 1500 pesos el kilo.
En la esquila se saca un promedio de entre 250 y 300 gramos por animal, pero en zonas más altas, ese número crece. Es que a más altura y más frio, desarrolla más volumen la fibra, no más largo, sino más tupido, más cantidad. Habitan las altiplanicies, a más de 3200 msnm. Los lugareños la tratan con un cariño hondo, le dicen vicuñita. El macho es el relincho, los chiquitos son los tekes.
Los solteros andan en tropa de machos. Las vicuñas tienen, en promedio, una cría por año y medio. Horacio Ruiz, Presidente de la Comisión Provincial de la Vicuña asegura que la gente se apropió del recurso, lo empezó a ver no sólo como un animal, sino como algo que puede darle sustento a su vida. Es que la política es revalorizar la tarea del habitante de la Puna y de las técnicas que le son propias, es necesario que se mantenga la cultura, la tradición de la gente del altiplano, de la familia esquilando.
Durante la esquila, los especialistas aprovechan para estudiarlas. Les calculan la edad por el largo del colmillo que sale después de los tres años, edad tras la cual empieza el desgaste. Han encontrado hembras de más de 10 años. Ese empuje los obliga.
Foto: Pablo Sebastián Coria
Antes y después de la captura se hace una ofrenda a la Pachamama en la Corpachada. Un día antes del encierre se hace para pedirle a la Madre Tierra y después para agradecer. Jesús es un personaje de Laguna Blanca. Nadie sabe su verdadero nombre. A Jesús, como a los grandes actores, se lo comió el personaje que representa en la fiesta del 1 de agosto: El Coquena. Viste de alforja, honda de hilo, ushuta, barrancán, es muy creyente en la Pachamama y sabe que si no se ofrenda, quita. “Agradecemos, somos collas orgullosos, hijos de esta tierra. Ofrendamos a la tierra que nos da todo”, dice. Por eso los habitantes de Laguna Blanca hacen la clásica ofrenda a la tierra que todo da, en una costumbre llamada Corpachada. Cavan un pozo en las entrañas y hacen la clásica ofrenda con hojas de coca, vino, tabaco y comidas varias.
A esto se suma la posibilidad que tienen los turistas de mezclarse con la gente del lugar y ayudar con las tareas en las que se van descubriendo aspectos valiosísimos de la cultura lagunera.
Se recomienda que aquellos turistas que quieran participar del encierro deban asistir previamente al lugar del encuentro en el pueblo para enumerar los vehículos y escuchar las indicaciones para no perturbar el trabajo. Luego, también podrán ser parte de la esquila de la vicuña.
La experiencia no sólo consiste en compartir los saberes de su vida cotidiana en un entorno geográfico de incalculable belleza y en medio de la Puna, sino también involucrarse en un compromiso con la naturaleza que les permite vivir en un entorno de perfecto equilibrio y respeto.
La cultura puneña bien ligada al amor que sienten sus habitantes por la tierra, el riesgo de extinción de la vicuña y la belleza del paisaje del norte de Belén obligó a la creación de una reserva que hoy en día resguarda la mayor población de vicuñas de Argentina.
Reserva de la Biosfera Laguna Blanca
La Reserva de Biosfera Laguna Blanca, se extiende en 770 mil hectáreas en el norte del Departamento de Belén y en el este del Departamento Antofagasta de la Sierra, representando los ecosistemas de la Puna y los Altos Andes. Creada en el año 1979 con el fin de proteger a las poblaciones de vicuña en inminente riesgo de desaparición, constituye en la actualidad un complejo atractivo turístico en el cual el animal autóctono vive con total seguridad, fue declarada Reserva de la Biosfera en 1882 por la UNESCO.
Entre la fauna se destacan las vicuñas por su abundancia y facilidad de observación. También es posible el avistaje de aves como las parinas y los flamencos rosados. Menos común, pero dable, es la observación de suris, pumas, zorros, gatos andinos, chinchillas, quirquinchos y otras curiosas especies.
La laguna tiene una extensión de 4 Km. de largo por 2 Km. de ancho, y toma su nombre de la coloración que adquieren las aguas, producto de las sales disueltas que contiene y los depósitos de su fondo poco profundo.
En el ingreso a Laguna Blanca, un Museo Integral ofrece al visitante una visión articuladora del ambiente natural y sociocultural, reflejando la historia local de larga data. En tanto, el presente lo expone el pequeño núcleo poblacional a través de sus callecitas, su criadero de vicuñas y su plaza principal.
Es un Sitio de alto valor de conservación, turístico y de sustentabilidad con una de las mayores poblaciones de Vicuñas de Argentina. Contiene humedales importantes de concentración de una gran diversidad de aves acuáticas. Con comunidades que hacen uso sustentable de la Vicuña, son responsables de la captura y esquila en silvestría y artesanos tejedores de su fibra.
Cuenta con un centro de interpretación (Municipio V.Vil), casa de guardaparques, casa de
ambiente, escuela, hostería y museo.
Es uno de los principales exponentes del Turismo ecológico de Catamarca y del Noroeste Argentino.
Flamencos en la reserva Laguna Blanca
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