San Carlos de Puno, a orillas del lago Titicaca fue fundada en 1668 aunque ya existían asentamientos anteriores a los Incas, allí y en sus alrededores, formando así una región culturalmente muy rica. Gracias a sus valiosos yacimientos arqueológicos, Puno, es uno de los puntos mas visitados tanto por turistas nacionales como extranjeros, formando parte del circuito turístico Lima, Cuzco, Bolivia.
Estábamos ubicados a una cuadra de la Plazade Armas donde se encuentra su catedral que data del siglo XVIII. Allí comienza una calle peatonal que tras varias cuadras termina en el Parque Pino.
Esa peatonal parecía ser el centro de atracción de la ciudad, atestada de vendedores, oficinistas, señoras con sus crías, viajantes con sus mochilas o simplemente con sus cámaras fotográficas. Algunas prendas típicas que llamaban la atención y muchos comercios al aguardo de clientes, muchos restoranes con sus “invitadores” a probar sus exquisiteces típicas e internacionales. Terminamos de recorrerla con la noche ya entrada. El Parque Pino con sus árboles tallados e iluminado casi a día le daba el cierre al paseo peatonal. Circundado por el Colegio Nacional de San Carlos (fundado por Simón Bolívar) y por la Iglesia de San Juan, con su iluminación cuasinavideña, que es el albergue de la Virgen de Candelaria, la patrona de Puno y cuyos festejos son la celebración mas importante de la ciudad. Calles angostas recorridas por presurosos taxis blancos se mezclan con pintorescos carritos de transportes propulsados por una especie de motoneta, en algunos casos y en otros por una especie de bicicleta traccionada por un pobre señor con piernas muy potentes. Esa noche comimos en un lugar chino donde cocinaban en una especie de vidriera y donde podías ver y esperar tu comida, estaba lleno de gente el local y luego comprobamos que esos lugares eran muy populares. Aprendí también que la cocina peruana esta muy influenciada por los chinos y que esos restoranes se denominan chifa en referencia a ese tipo de comidas (el encuentro en la tradición china y la peruana).
El segundo día en Puno fue corrido. Por la mañana subimos a una lancha de pasajeros que luego de unos veinte minutos de navegar por el Lago Titicaca nos encontramos con un conjunto de islas que los lugareños se encargaron de explicarnos el por que de su fama. Últimamente, estas Islas, se han convertido en el paso obligado de los turistas que llegan a Puno. Su principal característica: islas flotantes. Se dice que los Uros, son un pueblo anterior a los incas y hasta sostienen que provienen de una migración directa desde la Polinesia. Vivían en una región de Bolivia, pero debieron escapar asediados por los Incas y fue así que se refugiaron en las islas flotantes.
Las Islas de los Uros, ubicadas a unos 3800 msnm, flotan ya que están conformadas por capas de hasta dos metros de totora seca (junco que crece en abundancia en el lugar), superpuestas sobre bloques de raíces que flotan y que al despedir sus gases de descomposición, ayudan a dicha flotación. Sobre ellas edifican sus casas del mismo material y es asombroso verlos habitar en esas condiciones. Ver sus fogones de piedras arrastrados de sus ancestros y ver además los avances tecnológicos como un televisor conectado a la energía solar. Es raro caminar en ese piso amortiguado y subirse a una especie de mangrullo para observar a ese vistoso conjunto de islas.
Existen unas cuarenta donde viven hasta cincuenta personas. Cada isla es parte de una familia. El supuesto, jefe de la familia, mientras nos contaba que para anclar la isla la sujetaban a largos palos enclavados en el lecho del lago, aunque últimamente están utilizando sogas pues son mas fáciles para colocar y al ser sintéticas duran mas, bromeaba también, haciéndonos saber que si una pareja se separaba, cortaban la isla por la mitad y cada uno a flotar por su lado. Los lugareños son expertos nadadores y no le temen a las frías aguas del lago. Grata despedida tuvimos cuando nos subieron a una canoa, también fabricada en totora con muchos signos que asemejaban a las embarcaciones egipcias, y luego de un canto típico de despedida y mientras una de las mujeres, remo en mano, nos conducía hacia una isla principal, salieron cantando la popular “vamos a la playa” del Luismi, cosa que nos causó mucha gracia a todos los paseantes.
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