Fue la realización arquitectónica más exquisita de Sudamérica que superó en pureza y lujo a sus contemporáneas de Venecia, El Cairo y Málaga. Se trató de un proyecto visionario y exótico, delicado y multimillonario que el esplendor de la Belle Epoque supo conocer. Significó la materialización de un romántico sueño de pertenencia y símbolo de riqueza de la burguesía argentina de inicios del siglo XX. Esta es la increíble historia de la Ciudad de Invierno que se alzó en Empedrado.


A principios de 1900 la alta aristocracia argentina y la burguesía urbana en ascenso constante, buscaban su lugar en el mundo. Necesitaban un símbolo que represente la abundancia y el éxito del linaje, la fortaleza del poder y la exquisitez del arte. Un territorio que los transportara a la beldad, a la perfección y la cosmovisión europea del infinito desarrollo. Un sitio donde vivir y descansar fuese placer verdadero.
Por aquellos años durante el período estival la sociedad se movilizaba a ciudades turísticas nacientes como Mar del Plata y Villa Carlos Paz. Pero el país no ofrecía un territorio donde descansar durante el invierno, provocando que los exigentes y acaudalados turistas migren hacia Asunción del Paraguay. Esta ausencia de espacio moldeó la visionaria idea e impulsó el proyecto de construir una Ciudad de Invierno. El lugar elegido, por un selecto grupo de 65 representantes de la clase política, económica y artística, estaba ubicado a 69 km. de la ciudad de Corrientes y a 998 km. de la Capital Federal. Un espacio único que todavía conserva una temperatura media invernal de 16º, igual a las estaciones invernales más famosas del mundo, como San Remo, Venecia, Niza, El Cairo y Málaga. Pero a diferencia de éstas reconocidas urbes, “la temperatura en éste lugar elegido por la naturaleza, es suave y regular, sufre pocas variaciones tanto diurnas como nocturnas, clima subtropical donde no hay que temer, sobre todo, esos descensos bruscos de temperatura con días muy fríos como en Niza, Paus, ó Cannes”, decía el estudio climatológico del profesor Kisch, que convenció a los inversores. El territorio estaba en el corazón exótico de Corrientes, en Empedrado. Una zona que actualmente es conocida como los Campos del Tabaco; espacio triangular delimitado por el arroyo Pehuajó, el río Paraná y el arroyo González, a nueve kilómetros del pueblo. La burguesía argentina de principios del siglo XX encontró allí su paraíso terrenal.

LA CONSTRUCCIÓN DEL SUEÑO
El 7 de agosto de 1909 la Legislatura de la Provincia de Corrientes, a través de una ley, concesionó por 35 años el lugar a la Sociedad Civil Ciudad de Invierno. El permiso quedó en manos del escritor y dramaturgo de moda, Andrés Demarchi. El diseño y la proyección estructural de la Ciudad de Invierno estuvieron dirigidos por los ingenieros Valentín Virasoro y Carlos Thais. Éste último un importante paisajista que había trabajado y dirigido obras como el Parque del Marqués Bourg Prye en Francia, la Plaza de Maranaho en Brasil, el Parque Central de Montevideo, el Parque Cerro San Cristóbal de Santiago de Chile, y el Boulevard Marítimo y Rambla en Mar del Plata, entre tantas otras realizaciones. La planificación de la Ciudad de Invierno comprendía una superficie de 3.141 hectáreas. Estaban divididas en 158 manzanas, 197 quintas y 24 chacras. Establecía un núcleo urbano o Radio Concéntrica de 1.237 hectáreas, con un balcón sobre la barranca y siete kilómetros de playa frente a la parte más ancha del río Paraná. A fines de 1910, cientos de obreros venidos de Buenos Aires iniciaron la construcción de una formidable edificación, que sería la piedra fundacional de la futura metrópolis argentina. El 29 de junio de 1913 se inauguró oficialmente el Hotel-Casino Continental. El directorio de la Sociedad Civil Ciudad de Invierno, presidido por Pedro O. Luro, los vicepresidentes Manuel J. Cordiviola, Tomás E. Anchorena, organizaron una exquisita fiesta en la que agasajaron por varios días a los ilustres invitados que vinieron especialmente de Europa. Este Radio Concéntrico estaba conformado por el hotel de 12.000 metros cuadrados, con capacidad para albergar a 150 personas. Encerraba un casino, salones de conferencias, un salón de baile y uno de lecturas. Una sala de teatro anexa al casino, con capacidad mínima para 100 personas. Un jardín de invierno con galería cubierta de Vireaux, donde más adelante un jugador desafortunado se quitó la vida y desde entonces cargó con el nombre de “galería del suicida”.

A principios de 1900 la alta
aristocracia argentina y la
burguesía urbana en ascenso
constante, buscaban un
territorio que los transportara
a la beldad, a la perfección y la
cosmovisión europea del
infinito desarrollo.


A los pies del hotel que miraba altivo sobre la barranca, las escalinatas de piedra bajaban por la pendiente y descansaban en la brillante arena del Paraná. Se dragó el río y se construyó un amplio muelle donde las embarcaciones descansaban para desembarcar a los encumbrados visitantes. Los huéspedes se recreaban en las exclusivas canchas de tenis, golf y críquet proyectadas y dirigidas por el experto Alex Phylp; o simplemente paseaban por el boscoso parque de 20 hectáreas decorado con plantas exóticas y esculturas contemporáneas. La realización de la faraónica obra de la Ciudad de Invierno contemplaba además del hotel-casino, calles de 15 metros de ancho, plazas, edificios públicos, una escuela para un mínimo de 100 alumnos, un hipódromo, una usina eléctrica y una estación de ferrocarril que estarían ubicados fuera del núcleo habitacional. El Hotel-Casino Continental, o Mansión de Invierno como se la conoció, materializó el nuevo espacio que la aristocracia necesitaba y la Argentina presentaba al mundo su futuro turístico. Los realizadores indicaban a Mar del Plata como la perla del Atlántico, y a la futura Ciudad de Invierno de Empedrado como la Perla del Paraná. “La Ciudad de Invierno es la residencia invernal más agradable de Sud América -Salud y Bienestar-Temperatura Ideal-Aire benéfico y saludable- La excelencia de los servicios del Hotel Continental está asegurada por la acción del director general del hotel, Mister Saint Andrée, cuya competencia y dirección en el Regina Hotel de París, le han dotado de justo renombre, por un chef que ha sido durante 14 años el primer cocinero del Carlton Hotel de Londres bajo la dirección de Escoffier. Por la de Otto, como maitre d´hotel quien ha confirmado en el restaurante del Club de Mar del Plata, durante la última temporada (de 1913) la reputación con que llegó del Magestic Hotel de París”, señalaba el número de junio de 1913 de la revista Caras y Caretas de Buenos Aires. La quimera impulsada por los escritores Gregorio de Laferrère, Pedro O. Luro y Andrés Demarchi, fue hecha realidad por las brillantes y visionarias mentes de hombres como Nicolás A. Avellaneda (heredero del ex presidente argentino), José F. Uriburu (presidente argentino entre 1930 y 1932), Tomás E. De Anchorena y Joaquín S. De Anchorena (la familia más acaudalada que la Argentina haya conocido desde inicios del siglo XIX hasta mediados XX), las familias Blaquier, Alvear y Pereira Iraola entre las más destacadas. Los 65 inversionistas aportaron un capital inicial de 2 mil millones de pesos moneda nacional, que luego fueron divididos en 100 acciones de 20 mil pesos moneda nacional cada uno.

“La Ciudad de Invierno
es la residencia
invernal más agradable
de Sud América...
Salud y bienestar,
temperatura ideal,
aire benéfico
y saludable...”


UN LUGAR DE PERTENENCIA
La noticia de la inauguración del Hotel-Casino Continental recorrió el país y se instaló en el corazón de las clases más exigentes. En los círculos excelsior de Europa y EE.UU. se hablaba de la sensación de bienestar y pureza que con gran estilo brindaba el lugar. El optimismo y la necesidad de cambios de hábitos de las familias de clase alta, que caracterizó todo el período de la Belle Epoque, invitaban a conocer La Mansión de Invierno y a invertir en una quinta, en lo que sería la grandiosa Perla del Paraná. Pero cuando la noticia de la belleza y los placeres del Hotel-Casino Continental terminaba de recorrer el mundo en trasatlánticos y locomotoras, la gran utopía empezó a desgranarse. No se conocen bien, ni se han escrito, los motivos exactos pero las obras para completar la Ciudad de Invierno se paralizaron inesperadamente. “La Mansión de Invierno solamente funcionó tres meses”, indicaron algunos. Otros sólo escribieron que “cerró sus puertas mucho antes del año”. “La causa determinante y excluyente fue el inicio de la Primera Guerra Mundial (se inició el 28 de junio de 1914) que paralizó Europa y generó una serie interminable de hechos y circunstancias que, primero paralizaron el proyecto, y luego provocaron su fracaso”, señaló el historiador Darío Quiroga. En su trabajo de investigación titulado “La ciudad de Invierno, un símbolo de la Belle Epoque”, publicado en 2007, Alberto Ariel Domínguez refuta el factor bélico. “Tampoco tuvo que ver la Primera Guerra mundial pues esta se inició recién en 1914 y La Ciudad de Invierno debió clausurar sus puertas prematuramente antes de cumplir tres meses de funcionamiento. Pues los improvisados concesionarios más inclinados a la vida mundana y al derroche, tocaron fondo en los negocios, dejaron de tirar manteca al techo y muchos de ellos prefirieron invertir en un lugar más cercano a Buenos Aires como lo es el Balneario de Mar del Plata”, escribió. Otros creen que las muertes de Gregorio de Laferrere y Andrés Demarchi, los padres de la quimera, influyeron muchísimo en la precipitación temprana de la empresa.
Las hipótesis fueron muchas pero lo cierto es que simplemente abandonaron el lugar y prefirieron irse a vivir a lugares con más servicios, a las grandes urbes como Buenos Aires y Córdoba o seguir en sus estancias en el corazón de La Pampa. El aislamiento, la poca accesibilidad, la falta de servicios de comunicación y de recurso humano calificado abortaron el nacimiento de la Ciudad de Invierno de Empedrado.

ESCOMBROS EN EL BOSQUE
Poco a poco el Hotel-Casino Continental fue sufriendo saqueos. Lo que mereció ser rescatado fue llevado a su contemporáneo, el Bristol Hotel de Mar del Plata. Los muebles parisinos, la cristalería de murano y las porcelanas florentinas fueron rematados en 1922. Durante ese año Ercilio Rodríguez compró en un remate 2.193 hectáreas por 350.000,00 pesos. El espacio incluía toda la edificación de la proyectada Ciudad de Invierno. A partir de 1937 Lilia Rodríguez apareció como propietaria del lugar y comenzaron a sucederse juicios por usurpación y remates que llevaron a la incomprensible demolición del lugar, hasta que en 1942 tres compañías porteñas dinamitaron el edificio de La Mansión de Invierno. Los materiales que se pudieron rescatar como puertas, ventanas, mosaicos, azulejos, griferías y trozos de vitreaux fueron vendidos como chatarras para la construcción. La historia correntina también cuenta que tiempo después los muros de la construcción fueron utilizados como escuela, leprosario, depósitos y fábrica. Inclusive como cuartel de guerra cuando en 1971, detrás del casco, se desarrolló la Batalla del Tabaco. Hoy entre la hojarasca apenas se distinguen algunos trozos de escombros, pedazos de aquel palacete barroco que simbolizó el esplendor y el exótico gusto del burgués argentino de principios del siglo XX. Son las ruinas de aquel sueño romántico de pertenencia y símbolo del posibilismo y la determinación de una Bella Época. El sitio jamás fue declarado de interés turístico o patrimonio arquitectónico por la Provincia. Pero eso no importa porque a 95 años el extravagante lugar continúa atrayendo e imantando cualquier espíritu humano. Sigue mirando altivo hacia el horizonte sobre el Paraná, esperando tranquilo y confiado su consagración.

Cuando la noticia
de la belleza
y los placeres
del Hotel-Casino
Continental terminaba
de recorrer el mundo
en trasatlánticos y
locomotoras, la gran
utopía empezó a
desgranarse.

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