Levantado en el corazón del Valle de Traslasierra, a 8 kilómetros de la populosa y turística Mina Clavero, Nono es ciertamente un lugar especial. Su magnetismo quizá tenga que ver con su ubicación: está al pie de la Sierra Grande de los Comechingones, con 3.750 millones de años de existencia y un altísimo contenido de cuarzo; y con su historia, ya que Nono fue el último asentamiento indígena de Traslasierra.
El pueblo debe su nombre a dos cerros redondeados que están juntos, y que los comechingones llamaban Noño, que en su lengua significa seno de mujer.
Nono tiene de un lado las Sierras Chicas y al este, las Sierras Grandes.
Hay también dos ríos distintos: el río Chico de Nono, que corre por un lecho de rocas y piedras con remansos, y el río Grande, conocido también como Los Sauces, que con sus cálidas aguas corre por un lecho rodeado de doce kilómetros de tranquilas y extensas playas. Para desplazarse entre los distintos balnearios y puntos turísticos es indispensable contar con un vehículo, ya que las distancias son largas entre sí.
Este lugar es recomendable de visitar debido a su historia y su cultura ya que fue el último asentamiento aborigen de Traslasierra y es actual sede de los Encuentros Nacionales de Escultores y Pintores.
A unos cinco kilómetros hacia el este, Paso de Las Tropas es el balneario emblemático de Nono y se trata de una sucesión de ollas naturales, de agua cálida, que se forman sobre el río Chico.
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Cerros y verde vegetación le añaden atractivo al lugar, que debe su nombre al hecho que por allí pasaron las tropas del unitario General Paz en 1830, cuando iba a enfrentarse con los federales comandados por Bustos. Antes de llegar a Paso de las Tropas, a unos 2 kilómetros de Nono, está el balneario Los Remansos, también con profundas ollas a la sombra de los sauces.
Otra posibilidad es refrescarse en el cristalino río Grande, también conocido como Los Sauces, que corre por extensas playas de arena en el valle. Menos profundo y más frío que el río Chico, tiene su mayor encanto en los 12 kilómetros de playa y en las vistas de los cerros.
Un sitio que no puede pasarse por alto en Nono es el Museo Polifacético Rocsen, emplazado a 5 kilómetros de Nono.
Allí se exhibe la curiosa y cuantiosa colección privada que inició en Francia hace unos 70 años, Juan Santiago Bouchon. Este lugar asombra a sus visitantes desde la entrada una fachada de estilo romano con 49 esculturas de hombres que representan la evolución del pensamiento humanista y pacifista, desde el Afrikanus hasta Martín Luther King.
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Como una feria universal, conviven también en sus salas los más variados objetos de diferentes disciplinas. Entre las más de 22 mil piezas que se exhiben se puede encontrar cosas de diferentes época de diferentes lugares, como el primer libro de bolsillo (del año 1546), lacrimatorios del año 200, una momia de Nazca o un colmillo de marfil de 2,70 metros.
Hay fósiles de todas las eras, aves embalsamadas e imágenes cristianas de todo el mundo. El museo abre los 365 días del año, desde las 9 hasta la caida del sol.
Sin lugar a dudas Nono invita con sus distintas maravillas, a vivir unas vacaciones donde se combina el asombro con la tranquilidad.
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